jueves, 10 de marzo de 2011

Busco pareja para el fruto de mis entrañas

En algunos casos la desesperación agudiza el ingenio. Y ese ingenio hace cosas originales. Naturalmente no siempre ser original es algo  bueno. Sino que tiene sus ventajas, desventajas, seguidores y detractores, como todo. Como siempre digo, la diferencia la hace el equilibrio.
En estos últimos años Internet ha sido  por elección la vía natural de la canalización de nuestro ingenio. O al menos eso pretendemos los ilusos seres humanos.
Lo que les voy a contar es original, ingenioso y surgió de la desesperación desesperada de un grupete de progenitoras. No sé si me animo a calificarlo de bueno, porque es un poco... No sé como definirlo o calificarlo. Porque a veces las calificaciones y/o definiciones son un tanto antipáticas…
Resulta que una señora tenía un sitio en Internet de mujeres exitosas de más de 50 años. Ella definía a su web como una bolsa de ideas. Pero faltaba el tema de búsqueda de pareja.
El sistema es así: las mamás publican las fotos de los nenes o nenas treinta y hasta cuarentañeros. Hacen una descripción del vástago en cuestión, tratando de hacer el artículo lo más adornadito y monono,  para colocarlos lo mejor posible.
A veces contesta la propia o propio interesado, pero otras contesta la madre de la potencial candidata o candidato. Y entre ellas se ponen de acuerdo si presentar a sus hijos o no.
Me imagino a los “críos” en cuestión tratando de decirle a sus entrometidas mamás que ni locos van a salir con una pareja elegida por ellas. ¿Ustedes se lo imaginan?  No, es impensable creer que una persona acceda voluntariamente a que su mamá lo exhiba como fruto de sus entrañas en una suerte de “Facebook materno”.
Varias frases acuden a mi sesera, y tal vez sean las mismas que confundieron a estas voluntariosas damas. Como aquello de  “¡Qué no hace una madre por un hijo!”, o lo de “Una madre hace por un hijo lo que cien hijos no hacen por una madre”.  Me parece que esto es un exceso hasta para la autora de nuestros días.
En fin, esto me hace valorar la ocasional discreción de mi madre. Y replantearme la fase que sostuve durante tantos años: “Madre hay una sola, y es la mía”. Reconozco que he sido un tanto injusta.
Besooo.

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