miércoles, 4 de mayo de 2011

Casi un viaje a los abismos…

En un mundo donde la información viaja a la velocidad de un estornudo, y dura menos que un suspiro en un canasto. Ocurren hechos inverosímiles, por ejemplo ejecutar a un premuerto y enterrarlo en el mar, también ocurren cosas mas terrenales, y hasta mínimas. Según la óptica de ciertos funcionarios claro está.

Durante cinco años hemos vivido en la localidad de Castelar. Y durante todos esos años hemos sido usuarios de la Ex Línea Sarmiento. En realidad más que usuarios, debería definirlo como mal tratados cautivos obligados a viajar en ese infierno, y creo que me estoy quedando corta.

Describiría el viaje como una sensación sin par, solo comparable al viaje en otras líneas similares. El tren sale repleto de la cabecera de Once y llega repleto a Moreno.

Dependiendo de la hora puede estar lleno, llenísimo, repleto o repletísimo. Eso no se debe a que sea hora pico, sino a que cancelan servicios. Normalmente la frecuencia entre las formaciones oscila entre los 12 y los 120 minutos, aunque también puede ser jamás. Y si es jamás, solo sos  vos y tu suerte.

En los vagones se puede ir sentado, parado, a presión o en modo constrictor, este ultimo es el más conocido por los pasajeros. Las expectativas de conseguir un asiento son nulas, lo único a lo que se puede aspirar es tener un lugarcititito mínimo de donde asirse.

No hay espacio entre pasajero y pasajero, es más, los he visto ponerse de acuerdo para respirar. Grupos que inspiraban mientras  otros exhalaban. Por lo que podríamos agradecer a la empresa desde lo más profundo de nuestro ser,  el enseñarnos a utilizar nuestro espacio y recursos al máximo.

El bajar de “nuestro tren de la alegría” es una experiencia extra corporal, sin lugar a dudas. Si pudieras atravesar, como en ghost, todos esos cuerpos que nos separan de la puerta, seria algo genial. También sería genial si todos esos seres se desmaterializaran por un ratito, pero no. El descender de ese cuasi útero materno, se soluciona de una forma única y más terrena, más solidaria si se quiere, todos bajan para que vos bajes. No es una muestra de respeto, ni de cariño,(aunque con tanta proximidad podría darse) se hace así por que de otra manera sería materialmente imposible.

Lo que debemos recordar y no olvidar NUNCA bajo ninguna circunstancia, es que esta empresa es PRIVADA, no obstante lo cual, recibe subsidios para nada despreciables por parte del Estado. Nosotros pagamos impuestos, y parte de ese dinero va a financiar esos subsidios. En definitiva, somos nosotros los que financiamos ese bochorno constrictor. Lo que me lleva a concluir: “que poco nos queremos, y que mal nos tratamos”.

Besooo.

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