martes, 17 de mayo de 2011

Con o sin él

El tiempo se sucede inexorable. Pasan las horas, las mañanas son sucedidas por las noches, que dan lugar al nuevo día. Todo transcurre una y otra vez desde que el mundo es mundo.
El ciclo del tiempo sigue su camino totalmente indiferente a su alrededor. No lo nota, no lo distingue, no lo conoce, no sabe hacer otra cosa que transcurrir inmutable. Para eso fue creado. No contempla sentimientos, vidas, no diferencia salud de enfermedad. Desconoce el transcurso del tiempo porque él es el tiempo mismo. Tampoco se cuestiona, ni se reclama por haberlo perdido o malgastado, porque no le va la vida en eso.
En cambio nosotros vivimos en el tiempo. Con más o menos tiempo. Haciendo de él un buen o mal uso. Perdiéndolo, ganándolo, aprovechándolo o malgastándolo. Notamos el transcurrir de cada segundo, minuto u hora. Contamos los días, los meses, les ponemos nombres que ellos desconocen. En el transcurre nuestra vida, larga, corta, bien o mal vivida. A diferencia de él, somos seres finitos, por eso en algunos casos lo valoramos, y en otros ni lo consideramos.
A veces aprovechamos nuestro tiempo libre, lo utilizamos sabiamente. La pregunta sería ¿Qué sería aprovechar nuestro tiempo? ¿Y que sería utilizarlo sabiamente? En realidad ¿existe el tiempo libre?, y en ese caso el concepto ¿es el mismo para mí que para otra persona?
Somos seres únicos, con expectativas, estándares, ideas, y concepciones diferentes, únicas, variables, múltiples, cambiantes. Algunos significados difieren tantas veces como a personas se los enuncies.
Mientras tanto, yo sigo aquí. Contando los días, las horas desde que él nos dejó. Transcurrieron ya ocho meses, desde ese fatídico día, pero la imagen sigue vívida, latente en mi retina, en mi mente, en mi corazón y en mi alma. Nuestras vidas cambiaron drásticamente en esa noche de invierno.
Es así señoras y señores, ocho meses, y seguimos sin gas. Y en este post pongo de manifiesto y unifico los dos temas que dieron origen a su falta. Ellos son la inacción en el tiempo transcurrido y una vecina con mucho, pero mucho, muchísimo tiempo libre y nada, pero nada de imaginación, ni solidaridad, ni vergüenza, que puso fin a nuestra confortable vida transportándonos de un plumazo al siglo XVII. Sin obras previas, por que si hubiéramos contado con chimeneas, salamandras o fogones, todo sería más soportable.
Por eso Margarita gracias por esta experiencia, gracias por llevarte la calidez de nuestros hogares, y por no contribuir a restablecerla. Por supuesto estoy siendo irónica.
Besooo.

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