viernes, 6 de mayo de 2011

Crisis existencial en mi existente inexistencia

Sabía que no debía hacerlo, todo mi ser me lo decía. Mi voz interna comenzó a advertirme con un susurro que se transformó en un grito desesperado. También me lo decían mi sangre y el corazón, que nunca miente. El universo en su conjunto desaprobaba esa locura.

Otros antes que yo lo habían intentado y los resultados fueron nefastos. ¿Que haría que en mi caso fuera diferente? ¿Tal vez estaba imbuída por alguna protección divina? La idea me pareció por demás insostenible, los argumentos eran endebles, como si se sustentaran en un suelo fangoso, intransitable, plagado de inseguridad, incertidumbre y desasosiego.

Entonces llegó el tiempo de las preguntas, las respuestas poco convincentes, las vacilaciones, las eternas dudas. Una evaluación pormenorizada de las ventajas y desventajas hizo que tomara mi decisión. Y así lo hice. Tal vez privó mi parte insensata y osada, que hizo oídos sordos a las sabias advertencias. Cerré los ojos, ignoré todos los designios y seguí con mi descabellado plan.

Tomé el teléfono, marqué el número, sonó un par de veces. Del otro lado me contestó una voz amigable, aplomada, contenedora. Me sentí tan bien que hizo que mis temores se tornaran mínimos, infantiles, insignificantes y hasta se desvanecieran. Le conté cual era el motivo de mi llamado, inmediatamente me dió un turno. El 9 de agosto a las 11:00 Hs.

Era una mañana soleada de lunes muy fría, todavía no se sentía la presencia de la primavera. Llegué al lugar en el que algo en mi cambiaría, subí las escaleras y me senté hasta que me llamaran. En varios momentos se me cruzó la idea de abandonar el recinto, y no alterar el estado de las cosas, pero me obligué a respetar mi decisión. Un error.

Me atendió un señor muy amable, le dí mi DNI y un servicio a mi nombre. Tomó mis huellas digitales y asentó mi nuevo domicilio en CABA. Atrás quedaba mi QTH en Santos Lugares. Después que hubo terminado lanzó la temida advertencia: “Fijate en los padrones de abril, si no estas anda a la calle Tucumán”.

Finalmente helo ahí, mi miedo tomó cuerpo y se hizo presente riéndose a carcajadas. Mi pesadilla se hizo realidad, sin Freddy Krueger y sin estar en los padrones. Ni en los preliminares (por lo que hice el trámite en la calle Tucumán, tal como el señor me lo dijo), ni en los provisorios, que hoy consulté.

Tal vez esté entre dos tierras, tal vez en medio de una, para ellos en ninguna. Por que no estoy ni en CABA ni en Santos Lugares ni en ningún lado. Tan solo no estoy. En fin, ahora comenzaré a transitar un largo camino de reclamos para convalidar mi existente existencia.

Besooo.

Buen fin de semana.

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