viernes, 20 de mayo de 2011

Crónica de una injusticia

Hoy voy a dar rienda suelta a mi mordacidad. Les voy a contar una historia, como seguramente habrá tantas. No se me permite dar nombres, sólo contar hechos, y prepárense a sostener sus mandíbulas, a refrenar sus sentimientos y a controlar su ira. Por que esta historia tiene varios condimentos: sorprende, indigna, y enoja.

Los protagonistas de esta narración son: “la dulce joven”, “la esposa”, “el anciano benefactor”, (aunque este último quedaría mucho mejor entre signos de interrogación: “¿el anciano benefactor?”), “el elenco de cobardes”, “directivos cómplices” y “nuestra Heroína”.

“Nuestra Heroína” al igual que la gran mayoría de nosotros fue educada con el ejemplo, posee una férrea escala de valores y principios en los que sustenta su vida. Ella trabaja en un taller muy especial en algún lugar de la provincia de Bs. As., sus tareas son muchas y variadas.

Un día llegaron a sus oídos por parte del “elenco de cobardes” comentarios terribles sobre el “¿anciano benefactor?”, que ella se resistió a creer. Pero como es una persona justa, comenzó a prestar atención a lo que ellos le decían. Claro, cuando las cosas se miran de cerca y con atención todo cambia, se ven los detalles, los hilos, las desprolijidades, los defectos del material. Se perciben gestos y extrañas actitudes, que pueden escapar al automatismo de la mirada cotidiana. Y ella lo vió.

Entonces hizo suya la lucha, y comenzó la batalla abriendo esa puerta que separaba al “¿anciano benefactor?”. Todos la vieron confirmar sus habladurías, dando rienda suelta a sus instintos más bajos, sometiendo a “la dulce joven”. Lo más aberrante, retorcido e indignante es que la joven en cuestión es una persona con capacidades especiales, que trabaja en ese taller para personas con capacidades especiales dirigido por “¿el anciano benefactor?” y “su esposa”.

Cuando toda esta situación vió la luz, ocurrieron varias cosas. Algunas lamentablemente decepcionantes. La “dulce joven” fue retirada de la institución y sus padres hicieron la denuncia correspondiente. Por lo que la Justicia tomó cartas en el asunto. El “elenco de cobardes”, naturalmente, dijo no haber visto nada. “La esposa” esgrimió livianamente, el argumento de “Ella lo buscó”, sin tener en cuenta su posición de directiva ni la condición de la “dulce Joven”. Los “directivos cómplices” no hicieron nada para ayudar a la joven ni a nuestra heroína. Sólo se limitaron a hacer lo que los tres monos, llevaron sus manos automáticamente a sus ojos, sus oídos, y sus bocas.

“Nuestra Heroína” quedó sola, aislada, se prohibió dirigirle la palabra, todo era hostilidad, insultos, denigración, humillación. Pero ella soportó todo, en soledad, estoicamente, en pie, entera, sosteniendo sus principios como un estandarte. Sólo contaba con la defensa externa, y apoyo incondicional de la mucha gente que la quiere, la admira y con la esperanza que la justicia llegara algún día, y la rescatara en su lento percherón.

Ayer, “nuestra heroína” recibió primero un SMS y después una carta documento que decía: “Está despedida por faltarle el respeto a una supervisora”. Lástima que, al igual que las excusas, la supervisora no existe.

Esta es una historia real, así que no hay un final feliz, sólo un final provisorio seguido por tres puntos suspensivos, y un esperanzador CONTINUARÁ.

PD.: Cuando sea grande, quiero ser como vos. Risa

Besooo.

Buen fin de semana

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