viernes, 27 de mayo de 2011

En carne viva

Perdieron sus nombres, sus identidades, sus colores y su luz. Todos están iguales, tristes, despojados, anónimos.

Ellos desconocen la razón, se cuestionan sin encontrar la respuesta, se miran atónitos los unos a los otros, no comprenden el porqué de su suerte. Están sumergidos en la confusión y el desencanto.

Yacen allí, sin palabras, sin nada que ofrecer, poco atractivos, deslucidos, diezmados. Su razón de ser ya no existe. Entonces, íntimamente surge el interrogante, cruel, punzante. Faltan las fuerzas para formularlo a viva voz. Sólo alcanzan para hacerlo en susurros que se escapan entre dientes porque es demasiado terrible, cruel, casi impronunciable.

Surge el planteo del para qué, el cómo se sigue de esa manera, y el cómo vivir con tamaña mutilación. Con el alma arrancada, con las vísceras expuestas, mostrando esa parte oscura que tanto se esmeraban en ocultar.

Otrora seres inertes, portadores de una voz, una proclama. Haciendo lo imposible por interactuar con el humano, por halagarlo, por alegrarlo, atraerlo  e iluminarlo. Devenidos ahora en tristes esqueletos herrumbrados, con sus tripas al aire. Que nos hacen desviar la vista para no quitarles la poca dignidad que les queda.

Yo me pregunto y les pregunto, ¿cuál fué la razón por la que arrancaron las marquesinas? ¿De quién fue esa genial idea? No cuestiono que hayan sacado las que no cumplían con las medidas de seguridad, por que implica un riesgo. Pero dejar todo así, descuajeringado, con las estructuras a la vista. Estructuras que también implican un riesgo, y da la sensación que son aún más inseguras que los carteles que sostenían.

La ciudad se ve espantosa sin las marquesinas. Es tristísimo, los locales están coronados por chapas oxidadas, retorcidas, membranas despegadas. Objetos indescriptibles y arruinados que asoman de lo que antes fuera un alegre cartel que invitaba a ser leído.

Digo, ¿tanto costaba tapar toda esa indignidad cacharrienta que ha quedado expuesta con una chapita, una lonita? No sé, un algo que no sea tan triste y deprimente.

Realmente, no sé en que estaban pensando cuando tomaron tamaña decisión. Estoy indignada ante tanta fealdad. Desconozco si mi impresión de espanto al recibir tanta imagen misérrima de destripamiento localístico en composé con las veredas pulverizadas, se reforzó por lo feo del día. La verdad es que me daban ganas de dar vuelta la cara y ponerme a llorar.

Ante esta situación, y creo que tratando de proteger mi sanidad mental (tratando dije), mi marulo irónicamente, trajo a mí memoria dos frases emblemáticas de la Jefatura de Gobierno: "Va a estar bueno Buenos Aires" (no estoy  del todo segura si es una afirmación o una pregunta) y "Haciendo Buenos Aires" ( lo que no se especifica es haciendo ¿qué?). En fin...

Besooo.

Buen fin de semana.

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