martes, 3 de mayo de 2011

Impertérrita ironía

Varias veces, he recurrido a mis historias del siglo pasado para ponerlos en situación, y esta vez no va a ser la excepción. Un día ,después de un recreo, la Hna. Pilar reunió a todo el colegio en el patio y nos invito a que viéramos en el estado que había quedado después de nuestro solaz. No había que ser un genio, ni tampoco  trazar una analogía, sólo había que  mirar detenidamente a nuestro derredor, para ver que el patio estaba debajo de todos esos papeles que habíamos tirado. Acto seguido pronuncio un discurso sobre “que debíamos hacer con los papeles”.
Nota: Para que no haya reclamos, pase de facturas, susceptibilidades heridas, etc. Debo aclarar que mis padres siempre me dijeron que los papeles se tiraban en un cesto y si no lo había, se guardaban en el bolsillo.
Lo que me hace rememorar esta anécdota, es que  la versión de mis progenitores coincidía en un todo con la de la Hna. Pilar. Después de haber conocido la verdad sobre ciertos hechos en referencia a Papa Noel y los Reyes, el cuestionar a los adultos se me hizo casi una obligación. Aunque esta vez el cuestionamiento a un adulto se complicaba, por que implicaba cuestionar a un grupo más nutrido, y en un todo coincidente. Así que intente buscar fallas o fisuras en el  argumento que ellos esgrimían,  pero no las encontré. Por ende, me limite  a concluir  que por tratarse de algo plausible y verosímil  debía internalizarlo.
Desde ese día mis carteras y bolsillos son contenedores de papeles, publicidades, folletos, boletos y envoltorios. Las enseñanzas impartidas por mis mayores me inhibieron de arrojar cualquier papel al piso o basura en la calle, esquinas, etc.
No me considero un modelo de virtudes, simplemente no le hago ni le tiro a otro no que no me gusta que me hagan o me tiren a mi. A lo mejor, podríamos catalogarlo como un ¿TOC positivo?
El otro día caminaba distraídamente por una vereda, algo capto mi atención en una forma poco habitual. La escena era por demás peculiar, tal vez por sus tintes bizarros, tal vez por que algo no encajaba, tal vez por que me produjo sentimientos encontrados, tal vez por muchas cosas en general y ninguna en particular.
En una esquina había, no se cuantas, pero eran muchas bolsas con basura. Estaban apiladas sobre un cartel, escrito por un ser anónimo con una prolija,  simpática y clara caligrafía. En él se podía leer: “ queda terminantemente prohibido arrojar basura”. Irónico ¿no?

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