miércoles, 15 de junio de 2011

Nueve lunas sin vos

El mundo comienza a desmoronarse ante mis ojos. Quizá ni siquiera queden ya  vestigios, un punto de inflexión. Todo parece haber dejado de tener, sentido o  importancia, tu alejamiento comenzó como una tímida sensación que poco a poco se fue apoderando de de mi.

Todo está desconectado, desmantelado. Pareciera como que  va a permanecer en ese estado, pareciera que nunca va a repararse o a solucionarse, o al menos es así en este mismo momento. En este preciso instante, en este único ahora, irrepetible y doloroso.

Sigo esperando sin desesperar o al menos eso intento. Mi paciencia como poquísimas veces lo ha hecho en mi existencia, no se ha tornado en impaciencia. Sólo ha bordeado el límite, coqueteado con él. Ha mirado el otro lado de soslayo con añoranza. Haciendo esfuerzos denodados para convencerse de quedarse de este lado del límite. Esto no deja de sorprenderme, de azorarme.

Estoy aquí, firme, tratando de escuchar a quien no habla ni emite sonido, tratando de ver a quien no está, tratando de sentir el calor de la presencia del ausente.

Las sensaciones van y vienen, se agolpan y desaparecen tan pronto, todo es vertiginoso y a la vez inmóvil. Todo cambia menos lo que tiene que cambiar. Allí la inercia, el estancamiento, la inmutabilidad, son incesantes, al igual que la sensación de estar presente en la ausencia constante.

Y surge la duda y los interrogantes, y las reflexiones y el por que no estas todavía. Tal vez son la apatía, la mezquindad  y la desidia los que te alejan. Me resisto a creer que seas vos el que tomó la decisión de haberse ido para siempre, para no volver.

Yo sigo esperándote hoy como hace nueve meses, y lo voy a seguir haciendo aunque a veces me gane el pesimismo, aunque en mis días malos piense que no vas a volver. Mi tozudez es más fuerte, y va a ser más fuerte que todo, ella va a hacer que te recuperes y vuelvas a mi vida, a mi hogar. Te quedes por siempre jamás a mi lado, y vivamos una vida plena de calidez.

Se que soy reiterativa, un poco monotemática y algo obsesiva. Pero nueve meses no se cumplen todos los días, solo una vez en la vida. Y ni les cuento nueve meses que se viven sin gas. Por eso no puedo dejar pasar esta oportunidad, para compartirlo y conmemorarlo con todos aquellos que son parte de mi vida, que han pasado frío en mi casa, que han comido mi comida (cruda, quemada, chamuscada y electrocutada), que lean esto. A todos gracias por soportarme, por escucharme, por estar.

Desde el fondo de mi corazón gracias por estos nueve “inolvidables” meses. Espero que no se repitan nunca, pero nunca, nunca, más.

Besooo.

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