martes, 5 de julio de 2011

Descabelladas manías formales

Hoy, continuando con mi lista de cuestionamientos inútiles, vanos e intrascendentes, que no dan ningún sentido a nuestras vidas, es el turno de “actitudes, conductas y preguntas tontas que las empresas incentivan y compelen a tomar a sus empleados”.

Consignaré a continuación dos ejemplos de las mismas de las que he sido testigo. Testigo, pero no mudo testigo.

El otro día mi consorte quería pagar el importe de mi línea de teléfono celular con su tarjeta de débito. Debo aclarar que cada pago que hace, se asemeja a una aventura sin par, siempre es diferente, hay tantos requisitos como operadores tiene la empresa. Pero esta se destaca por haberse solicitado algo de lo más ridículo. Después que hubo dado todos los datos de la tarjeta, número de la línea, de mi DNI, dirección, la operadora dijo que debía constatar mi identidad.

Él, que a diferencia de mí, es un ser de lo más paciente, ecuánime y reflexivo, tratando de que ella considere la tontería que había dicho le contestó: "Pero, señorita, es para hacer el pago de una línea. ¡Le estoy dando todos los datos!". Ella, con su casette puesto, le dijo seriamente: "Señor, debo constatar la identidad de la titular de la línea".

Como no había forma de que tomara el pago si no escuchaba una voz femenina tuve que darle el gusto y hablar con ella para que ”constate mi identidad”. Me preguntó nuevamente todos los datos que ya le había dado mi consorte. Cuando terminó le pregunté "¿Cómo podés constatar la identidad de una persona por teléfono? En todo caso sabés que te atendió una mujer, pero no sabés si yo soy realmente yo o alguien que se hace pasar por mí. ¿Te das cuenta de lo ridículo de tu planteo?"

Ella con una coherencia exasperante, volvió a repetirme que “debía constatar mi identidad”. Como noté que ni siquiera iba a considerar mi invitación a reflexionar sobre la tontería de la constatación, me limité a cortar y decir fuera de línea lo que pensaba de la empresa y, por supuesto, de ella.

Aunque su insistencia llevó a mi sesera a concebir una idea un tanto… Tal vez, su obstinación tenía una razón, tal vez la tecnología avanzó tanto que se pueden tomar mis huellas digitales con un escáner a través de la línea telefónica, o quizá la empresa tenga un reconocedor de voz y a través de él constate que vos sos vos. La idea es un poco paranoica, pero en realidad la descarté por ridícula. Así que dejé de lado esa teoría.

Hoy fuí a esa cadena de farmacias que tiene nombre de ciudad, compré un artículo que costaba $ 12,50.-, pagué con tarjeta de débito, el chico de la caja me preguntó "¿En cuántos pagos?". Tuve el impulso irrefrenable de decirle en DOCE, pero, tomó la palabra mi madurez.

Besooo.

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