jueves, 21 de julio de 2011

¿Tener o no tener? He ahí el dilema

El otro día estaba leyendo algo, no recuerdo que. Lo que sí recuerdo es que leí la palabra “autocrítica”. Inmediatamente comenzó a salir humo de mi sesera, los ejes comenzaron a rodar, y mi inspiración, que no me pierde pisada, comenzó con sus susurros a atraparme entre sus redes para que no pueda escaparme.
Lo primero que hice fué, como decía mi maestra Margarita, ir a buscar la palaba al mataburros para tener una noción más acabada y profunda de lo que ella significa. La definición que da el diccionario de la palabra autocrítica: “Un juicio crítico sobre uno mismo, o sobre una obra propia. La autocrítica sirve para aceptar nuestras limitaciones y desarrollar nuestras posibilidades”.
De lo que se infiere que la autocrítica es más o menos como sacarnos el cuero con nosotros mismos, como nos vemos a nosotros mismos, evaluar cuan buenos o malos somos, cuan voluntariosos, trabajadores, o fiacas y/o vagos somos. Poner en claro si estamos haciendo las cosas bien o solo nos estamos haciendo trampa.
Y, en tal caso, si nos damos cuenta o no que nos estamos haciendo trampa a nosotros mismos. En caso de no darnos cuenta, la evaluación pondrá de manifiesto lo vivos que somos para engañarnos a nosotros mismos. Como seremos de piolas que ni nos damos cuenta del autoperro que nos metemos.
Pero si no nos damos cuenta, ¿cómo saber nuestro grado de viveza por hacernos trampa? Tal vez sea en este punto donde debería aparecer la autocrítica, poniendo de manifiesto nuestra autotrampa, como lo haría la voz de nuestra conciencia.
Por lo que entendí, la autocrítica funcionaría más o menos así. Creo que tienen la idea, y sino evalúense y determínenlo, eso sí, honestamente. El corolario sería: lo importante es tener autocrítica, ello, independientemente de cómo se la utilice.
Hay distintos tipos de personas, y el nivel de autocrítica varía según las características de cada individuo. Por eso hay gente que la tiene en forma desmedida, ensañándose consigo mismo y con sus actos. Hace un uso casi abusivo de ella, la pone en práctica a cada paso, evalúa todos sus actos a través de su lupa.
Otros hacen un uso más racional de ella, mas relajado. La evaluación es prolija, exhaustiva, para ello se mueven dentro de sus acotados o amplios límites, según sea el caso.
En cambio hay otros que la desconocen, que jamás escucharon hablar de ella. Nada lo ven a su través, simplemente la ignoran por completo. Incluiría aquí como ejemplo a algunos exponentes de la clase política y sus consiguientes actos en los que denotan una carencia total y absoluta de autocrítica.
Pero claro, los ejemplos son muchos, no quiero ser injusta por nombrar a unos sí a otros no, no puedo transcribir todos los actos que se me vienen a la cabeza, para eso esto debería escribir un tratado y no un post. Aunque cada uno tendrá una lista mental de hechos en los que no se hizo una autocritica, por lo menos una sentida y sincera.
Besooo.

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