viernes, 22 de julio de 2011

Un flagelo programado

No hay aviso previo, ni advertencias ni nada que presagie su presencia, solo aparece , en un instante me arranca de sus brazos y me trae nuevamente, con esa voz metálica y molesta que no puedo soportar. No deja resquicio para las despedidas, ni los “hasta luego”, ni un corto “vuelvo pronto”, la violencia con la que actúa no entiende de humanidades ni sutilezas.
Su crueldad no conoce de limites, es cruda, extrema. Debe cumplir su cometido y lo hace eficientemente, sin miramientos, de manera impía. Él tan sólo me arrebata de ese estado placentero, cálido, sutil, casi intrauteríno. Ese estado en el que todo es posible, en el que todo se cumple, en el que volás, tocás el cielo con las manos y al mismo tiempo caés en un precipicio sin fin y salís indemne.
Pero mañana va a ser distinto, no voy a permitirle entrar en mi vida, ni en mis dominios. Mañana voy a plantarle batalla, a boicotear su cometido, a poner límites. No va a arrancarme de los brazos de Morfeo tan fácilmente. Mañana es sábado, asi que no pienso poner el despertador. Tal vez otros se encarguen de romper los cristales de mi sueño.
Estamos rodeados de obras en construcción. Es una pesadilla, terminan una y empiezan dos. Y como estos chicos no dan abasto con tanta obra, temprano, tempranito empiezan con sus disonantes gritos y penetrantes chiflidos. Lo que garantiza un “dulce y temprano despertar sabatino”.
Mi odio despertadorístico, al igual que el de muchos otros humanos comenzó en mi más tierna infancia. Mi papá tenía, y aun hoy lo conserva intacto, el sueño un ”poco pesado” (lo de poco no es literal), entonces tenia un despertador acorde. Como sería el estruendo que emitía esta bomba homicida de sueños, que el vecino de enfrente dejo de usar el suyo para ahorrar recursos.
El transcurso del tiempo hizo que un día ese despertador desapareciera de nuestras vidas, fue un accidente lamentable, aunque al fin puso las cosas en equilibrio. Pero, y siempre lo hay, mi papá vino muy contento un día con su reemplazo, un radio despertador, que por supuesto ponía a un volumen que te volaba la tapa de los sesos.
Eso sí, cuando lo quería apagar tocaba todos los botones, todos, toditos, así que nunca sabías que te iba a despertar, era la sorpresa de cada mañana. Ignorabas si lo iba a hacer una voz de locutor/a de AM, FM, tango, pop, rock. Un día nos despertamos con la emisión de la celebración de una misa.
Es increíble. Los años han pasado, pero la sensación aun permanece vívida en mi memoria. Me dió un susto de muerte, desperté al son del Dios te salve María y comencé a rezarlo de inmediato, el corazón se me salía, pensé que me había quedado dormida en la capilla del colegio, no entendía lo que pasaba a mi derredor. Lo único que pensaba mientras rezaba era en una excusa para darle a la Hermana Mirta.
En fin, los años pasaron, los despertadores se sofisticaron, se les agregaron más funciones, haciéndose más eficientes, y más aguditos, sacándonos de nuestros dulces sueños en un abrir y cerrar de ojos, y evitando con la taquicardia que nos producen el que nos volvamos a dormir.
Besooo.
Buen fin de semana.

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