viernes, 12 de agosto de 2011

Mi vecino el asesino

A veces se levanta muy temprano, otras trasnocha. Su patrón de sueño es variable, errático, pero se las ingenia para que lo notemos. Es más, hace lo imposible para que nos demos cuenta de su actividad, lo hace abiertamente, sin la impunidad del anonimato.
Abre cortinas, puertas y ventanas, vive para el exterior, exhibe poco talento y su desagradable don al mundo, para que según su concepto lo apreciemos, lo admiremos y tal vez alguna vez lo vivemos sin pausa hasta quedarnos sin aliento.
Vive en la esquina de nuestra casa, en un quinto piso. No conozco su cara aunque me gustaría, tenerlo frente a frente, ver sus rasgos, recorrer su fisonomía, guardarla en mi mente. Mirarlo a los ojos muy fijamente, traspasarlo con mi mirada hasta llegar a su cerebro, y tal vez leer sus pensamientos.
Tal vez así al fin sepa por que lo hace, cuales son sus motivos, sus móviles, que lo impulsa a hacer lo que hace. Quizás también me anime a hacerle esa pregunta, esa que todos temen hacerle por que tal vez no puedan o no quieran exponerse a su respuesta. A su mirada, y a las consecuencias que ello pueda acarrear.
Esa simple pregunta que separa el misterio de la realidad, el mito de lo cierto, la verdad de la mentira. Aunque se que no será fácil creo que tendría el valor de formularle el planteo. Entonces y recién entonces, después de un largo y profundo respiro le haría tan solo cuatro preguntas: ¿Por qué te atreves a  asesinar el silencio?, ¿por qué tocas esa batería de esa manera?,  ¿no te das cuenta que lo haces pésimo? Si te gusta tanto tocar la batería ¿por qué no vas a aprender?.
Claro, el hombre es un verdadero asesino, pero no es el único. También está: el caniche blanco con sus ladridos aguditos, el niño extraño que vive en el edificio de al lado y le ladra a los perros, nuestros perros que le contestan, los obreros de la obra del fondo, los obreros de la obra de enfrente, y los obreros de la obra del costado,  nuestro “benemérito” plomero que intenta denodadamente (o al menos eso es lo que nos hace creer) restablecernos el gas desde hace casi tres meses, y por último pero no menos importante el subte que sale del taller y nos pasa por la puerta a las tres de la mañana hacia Primera Junta.
Aunque pensándolo bien, y haciendo un autoexamen de conciencia, como nos pedía la Hna. Ana María,  todos y cada uno de nosotros apedrea impiadosamente con su granito de arena al silencio aniquilándolo, rompiendo la paz y la armonía.
Besooo.

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