martes, 23 de agosto de 2011

Una semana sin lunes

Comencé a detestarlo en mi más tierna infancia, allá en el siglo pasado. Su inminencia me ponía triste, de mal humor, me deprimía. El anuncio del advenimiento de su agonía lo anunciaba mi tío Martín escuchando el segundo tiempo del partido en su radio Spica. La frase de mi mamá: "Vamos. que mañana tienen que ir al colegio y todavía no planché los guardapolvos" oficializaba el deceso del domingo.

Era en ese preciso momento cuando mi cabeza se llenaba de reproches, reclamos, y preguntas sin respuestas, o algo así. ¿Por qué tenían que existir los domingos por la tarde? ¿Por qué el fin de semana duraba tan poco? ¿Por qué no había hecho los deberes el viernes por la tarde? ¿Por que no habré ido a comprar ese mapa? ¿Por qué el lunes siempre sucede al domingo? ¿Cuando será el día que exista un domingo sin lunes?

Cuando inventaron esto de los fines de semana largos me puse feliz, la providencia finalmente había cumplido mi deseo. Al fin hubo un domingo sin lunes. En realidad podemos modificar el largo feriado y adecuarlo como nos guste, porque podemos pretender que hay dos sábados, uno de repuesto, o un domingo sin la tristeza que conlleva un domingo por la tarde, seguido de un lunes feliz.

El domingo por la tarde, aprovechando el sol y la ausencia de humanos en Buenos Aires, nos dedicamos a caminar y a hacer turismo. No sé si lo notaron, pero no había nadie en la ciudad, desconozco si la causa se debió al día del niño, las bajas temperaturas (y por ello se buscaron horizontes más cálidos como un shopping), o la emigración masiva hacia centros turísticos.

Cuando se es turista en su ciudad, no sé si se miran las cosas por primera vez, pero se las mira con otros ojos, de una forma distinta. Tal vez la mirada sea más exhaustiva, porque se tiene más tiempo, o quizás más crítica.

Comenzamos a caminar sin rumbo fijo, hacia donde nos llevaran las veredas soleadas. Fue así como llegamos a la Plaza de Primera Junta. Allí ví algo que llamó mi atención, y me impresionó de tal manera que me resistía a dar crédito a lo que veían mis ojos. Paralelo a la reja donde esta la escalera para bajar al subte, personas en situación de calle han montado una suerte dormitorio permanente. Hay varios colchones, de una plaza, de dos, y hasta una cama marinera (son esas camas que tienen otra camita debajo) y, obviamente, gente durmiendo en esas condiciones misérrimas.

El resto de la plaza, es utilizado como enorme e inconmensurable baño público, hay mugre por doquier y el olor es insoportable, situación esta que también se repite en Plaza Flores.

Hace poco menos de un mes hubo elecciones a Jefe de Gobierno, el pueblo se expresó y lo reeligió de manera unánime e indubitable. Así que, Sr. Jefe de Gobierno, su gestión no termina con las elecciones, más bien ahí empieza. Los laureles que supieron conseguir no son eternos, hay que redoblar los esfuerzos y trabajar por ellos todos los días.

En fin, comencé con la felicidad de una semana sin lunes, y termine tirándole de las orejas a Macri. Así es la vida, una de cal y otra de arena, para que todo esté en equilibrio.
Besooo.

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