jueves, 8 de septiembre de 2011

De como la pasión nublo la razón

¿Cómo ocultar lo inocultable, cómo defender lo indefendible? ¿Cómo hacer creer y que resulte convincente lo que tiene poco sustento,  lo inverosímil? ¿Cómo convencer, cómo hacer cambiar de idea, cómo tornar creíble lo increíble, cuando su falta de credibilidad le es inherente por naturaleza? ¿Cómo sostener lo material e intelectualmente insostenible? Nadie debe comprometerse a más de lo que debe ni a hacer más de lo que puede.
Somos seres humanos y como tales limitados por nuestras condiciones de humanidad, por nuestro cuerpo, por nuestros pensamientos, sentimientos, valores y creencias. A veces las creencias y valores no limitan sino que nos extralimitan, y nos hacen extralimitar a consecuencia de nuestras  pasiones.
La pasión  en muchas oportunidades nos traiciona, nos maneja, nos ciega, y hace que nos  olvidemos, si bien no de todo, casi. Se puede sentir pasión por muchas cosas, otro ser humano, una ideología, el dinero.
Para algunas personas el dinero todo lo puede, es el Dios de los paganos. Él enternece, dulcifica, consuela, acompaña. Muestra sólo una cara de la moneda, la bella. Con ella seduce, abduce y hace descender a su bajo, truculento e intrincado  mundo.
Para sus seguidores y fanáticos es el Dios que todo lo puede, todo lo revierte, incluso los valores, las creencias, los principios. El hace que todo se eche por tierra, y cuando eso pasa, en ese preciso instante es cuando la pasión engaña y le miente a la razón. Es así como la manipula y la domina y le pone precio a los seres.
Embriagados por su elixir es como se defiende lo indefendible y se intenta explicar lo inexplicable. La motivación está a la vista, de todos. Lo que olvidan y no deberían, es lo que luego recuerdan y los llena de fingido arrepentimiento. Es que alto o bajo, el precio siempre se paga. Antes o después, pero se paga.
A veces aún pagando el precio que otros cobraron, y por el cual también pagarán, el principal pagador se queda solo. Sin defensores y expuesto al  escarnio en el que el mismo se colocó, en soledad y con todo su dinero. ¿Tal vez este sea el momento de comenzar a pagar?
Quizás, la cuestión es que Sergio Schoklender se quedó sin defensores. Ni uno. Renunciaron en forma colectiva. Parece que había desinteligencias en la defensa. Irónica, sugestiva y contradictoria razón esta. Al menos lo es para una persona un tanto suspicaz. Me pregunto, si a esto de las desinteligencias lo traducimos al buen criollo como diría mi tía Elsa, significaría:”Por más plata que hubiera no nos daba la cara para defender lo indefendible”.
No sé, tal vez la razón es  que hoy tengo un mal día y veo todo como en un laberinto sin salida, a través de un cristal negro azabache. En otro orden de cosas todavía no tengo gas, ni posibilidades de tenerlo por lo menos antes de que se cumpla el año.
En fin cosas que pasan, como decía mi abuela Máxima: “Dios castiga sin palo y no se le ve la boina”. Y a quien le vaya el sayo que se lo ponga… con toda confianza.
Besooo.

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