martes, 6 de septiembre de 2011

Detenerse a tiempo

El abrir esa puerta que debía permanecer cerrada y liberar los demonios, el pronunciar esa frase que debía ser callada. El despejar dudas y no dejar lugar a ellas. El confundir esa fecha, el mencionar erróneamente ese nombre o ese dato.
A veces sería mejor desmaterializarte, autodestruirte, que la tierra te trague, o que el Universo te convierta en polvo estelar. Antes que explicar lo inexplicable, excusar lo inexcusable, cambiar una entonación o decir algo diferente de lo que dijiste y que suene parecido.
¿Y todo para qué? Para eso, para subsanar lo insubsanable, para evitar el bochorno, para reparar lo irreparable, para hacer creer lo increíble, para mantener la duda que no estaba del todo despejada.
En ocasiones se hacen malabares, se camina por una cuerda floja, se bordea el límite y hasta se cruza esa delgada línea que separa en forma indubitable lo que es de lo que debería ser. El objetivo es no reconocer, no dar el brazo a torcer, el no dejar saber lo que es por demás sabido. Para todo eso y a veces para más, aunque otras de nada sirve por extemporáneo o evidente.
¿Como tapar el sol con un dedo, como revertir lo irreversible, como sacar de los oídos de tu interlocutor esa frase que debías pensar pero no decir? ¿Cómo meter en tu boca esa pregunta que no debías hacer, ese nombre que no debías pronunciar?
En definitiva, ¿como sacar de ahí esa pata que metiste hasta el cuello? ¿Como volver atrás cuando ya fuiste muy adelante? ¿Cómo pensar detenidamente y modificar lo dicho? ¿Cómo hacer que tu boca no sea más rápida que tu cerebro?
Estas y otras preguntas asaltan asiduamente mi sesera. El “¿Por qué no lo habré pensado antes?”, el “¿Por qué lo habré dicho?” y el “¿Para qué?”. Preguntas sin respuestas o con respuestas tardías que de nada sirven por llegar en todas las ocasiones tarde, demasiado.
Sería genial, un sueño hecho realidad, que algún día alguien invente un control remoto para manejarnos en la vida. Debería contar con un menú amplio, entre otras cosas: un stop, pausa, play, borrar, adelantar y atrasar.
De esa manera la vida nos sería mucho más fácil, llevadera, relajada, clara y poco conflictiva. Por ejemplo no existiría el ”Vos me dijiste” por que vos no lo dijiste, pusiste pausa y borraste, así que nunca dijiste lo que dijiste. Aunque en realidad lo dijiste, pero como lo borraste antes que el otro lo escuchara, técnicamente el dicho nunca existió y tampoco causó daño, ni papelón, ni confusión, ni nada de nada.
Sería  ideal. Pero lo malo es que todavía no se inventó. Así que hasta que eso suceda tendré que pensar mejor lo que se genera en mi marulo y sobre todo lo que sale de mi sanguchera.
Besooo

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