viernes, 28 de octubre de 2011

Un blanco móvil

Nos tiene a su merced, nos maneja, nos esclaviza. Nos tiene pendientes y dependientes. Nos hace esperar y desesperar. Nos produce sensaciones ambiguas, extrañas, opuestas. En segundos nos hace recorrer un abanico de estados de ánimo, inquietud, alegría, tristeza, enojo, risa, llanto. Así como así, sin hacer ningún esfuerzo, él todo lo puede, o casi todo.

Produce sentimientos encontrados, arranca pasiones. Tiene a la humanidad casi dividida en dos posiciones muy claras, irreductibles. No hay variantes ni variables. Se lo ama o se lo odia, te convertís en su defensor o en su detractor. Él no sabe de medias tintas, ni las tolera. Es sí o no, blanco o negro, en su mundo no hay lugar para grises.

Sin él estas perdido, aislado, sos un ser anónimo casi en penumbras. Con él no tenes privacidad, siempre te gritan piedra libre. Sos un blanco fácil, ése que se encuentra sólo con marcar un número, tu número. Todo comienza y a veces todo termina con esa pequeña e inocente palabrita “Hola”.

Nuestro teléfono móvil es un invento maravilloso, a veces. Otras puede llegar a ser una molestia insufrible, indeseable y todas las palabras con “in” que se nos vengan a la cabeza.

Los sentimientos que nos provoca a veces son contradictorios, inherentes a nuestra condición humana. Pensamos que es malo que suene, pero a la vez sentimos que es malo si no suena. ¿Quién nos entiende? No me miren a mi, yo no, sólo escribo estrictamente lo que las musas me dictan.

Lo inquietante, al menos en mi caso, se produce cuando llamo, suena y no responden. Eso me altera, me pone frenética, me enoja, me preocupa, me intranquiliza y me aliena. Todo se intensifica con la "sensación de inseguridad" reinante. Es en esos momentos cuando mis pensamientos se dividen y se encolumnan en dos partes bien diferentes.

Mi parte optimista trata de tranquilizarme presentando sus argumentos, que son basicamente dos: "no lo escuchan sonar", "no hay señal". Acto seguido, mi parte pesimista hace su entrada, con sus argumentos que son más, muchos más, y de más peso. Es allí cuando ambas partes comienzan una lucha, su lucha por ganar y prevalecer. Pero como siempre cada combate tiene un solo ganador.

Generalmente mi parte pesimista y sus cuantiosos argumentos de peso, terminan aniquilando a mi débilmente fundamentada parte optimista. Debo reconocerlo, cuando mi imaginación se pone a funcionar en “modo trágico andaluz” no hay cantaor flamenco, saeta y mucho menos tango que le gane.

Besooo.

Que tengan un muy buen fin de semana :-D

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