miércoles, 26 de octubre de 2011

Vos y yo por siempre

No siempre se puede hacer lo que se quiere. A veces, otras voluntades conspiran contra la tuya, haciendo imposible tu objetivo, obstaculizando tu meta. A veces esto es intencional, otras veces falta la intención, solo se hace porque si, porque prima la ignorancia, el desconocimiento o ambos.

Es en esos momentos en los que te sentís atado, encadenado, preso, inmovilizado por esas voluntades extrañas y hostiles. Es en esos momentos en los que sentís que tenés al Universo en su totalidad conspirando contra vos, un punto microscópico, perdido en su magnificencia. Es en esos momentos en los que sentís que la vida te da ese golpe maestro, ese que te hace caer, ese que te hace perder por knock out.

Es en esos momentos en los que no te queda otra salida que levantarte o pedir ayuda para que te levanten. Y una vez en pie seguir batallando hasta conseguir lo que te propusiste, o para recuperar lo que perdiste. Lo único que debe importarte en esos casos es alcanzar ese objetivo que parece tan lejano, inalcanzable. Con tesón, determinación y voluntad las distancias se acortan, y las metas se alcanzan.

Después de 400 días con sus tardes y sus noches. Después de tres inspecciones rebotadas por Inspectores de Metrogas, a Hugo nuestro ex gasista inútil e inhábil, el hijo pródigo ha vuelto. Hemos recuperamos el gas perdido. Gracias a Ricardo nuestro dedicado, hábil y eficiente gasista. Vital servicio que nos fue arrebatado cruelmente y sin piedad una fría noche de invierno, por MetroGAS , que vino, vió y clausuró. Gracias a la pésima ocurrencia de Margarita, una vecina con mucho tiempo libre y poca imaginación. Nota: la pérdida provenía de la casa de esta flor de vecina, como consecuencia de sus conexiones clandestinas. Claro, eso lo supimos después. Mientras tanto, las consecuencias las sufrimos todos y ya que nos quedaba de paso todos pagamos el pato, que en este caso puntual sólo le hubiera correspondido a ella.

Atrás quedaron los fríos de este invierno, mis manos y pies congelados que pasaban del rojo bermellón al blanco níveo. Las rabietas, las idas y vueltas, los avances y retrocesos, los desastres de Hugo que después de 4 meses de trabajo no pudo lograr la rehabilitación. El anafe eléctrico con sus patadas incluídas y sus dos posiciones, crudo o quemado. El calefón eléctrico y las duchas de agua tibia en pleno invierno.

Parece increíble que él esté nuevamente con nosotros, abrir la canilla o la ducha y que el agua salga caliente. Tocar la cocina y que no te dé corriente, que los tiempos de cocción se hayan reducido. Que la comida no salga o medio hacer o carbonizada. Que el agua hierva en pocos minutos. Me maravilla, me deja atónita. Tal como me dijo mi amiga Sonia, ahora entendés lo que sintió el hombre primitivo al descubrir el fuego. Sí, ahora lo entiendo y lo siento cada vez que uso y redescubro el gas.

Tengo que dar las gracias a todos los que me soportaron en estos interminables 400 días, me dieron su aliento, pusieron su oreja, su hombro y su corazón para conformarme, o para que me descargara. Gracias a los que leyeron, y a los que comentaron todos y cada uno de los post, que no fueron pocos, en los que relataba mis desventuras gaseosas.

Finalmente el momento llegó, ese gaseoso y maravilloso combustible corre libre por nuestros caños. Espero que de ahora en más permanezcamos juntos, unidos, siguiendo un mismo camino y hacia el mismo rumbo por siempre jamás. O al menos hasta que uno de los dos no esté en este mundo.

Moraleja: si alguna vez sentís olor a gas, el fósforo es la opción menos cruenta. CHICOS NO HAGAN ESTO EN SUS CASAS.

BESOOO.

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