jueves, 29 de diciembre de 2011

Argumentos y verdades de mentes

¡Cuantas veces pensamos “como me gustaría ser mosca o mosquito”, para estar presente en una conversación o en una situación, que es de nuestro interés sin ser vistos! A veces, tal vez más de las que quisiéramos, nos sentimos moscas o mosquitos, somos mudos testigos presenciales a quienes ignoran los protagonistas.
Estamos presentes a nuestro pesar, en forma accidental e involuntaria, en situaciones, conversaciones, diálogos y/o disertaciones en las que no quisiéramos ver lo que vemos, ni escuchar lo que escuchamos. Tampoco quisiéramos creer lo que se dice.
En esos momentos en los que me convierto en un mudo testigo presencial, presenciando lo que no quiero presenciar, es cuando me pregunto ¿Por qué? ¿Por qué la gente hace lo que hace, y dice lo que dice? ¿En qué se basan? ¿De dónde lo sacan y cómo?
Locos argumentos se enuncian livianamente. Se lanzan así como así al universo, haciéndolo poner colorado, dando por cierto lo dicho. Como si fuera una verdad a ultranza, la única verdad, la verdad que le dijo un vecino, un cliente, un señor en la cola del banco o a su mujer en la peluquería. Inconsistentes e inconscientes verdades secretas que se proclaman a los gritos, en cualquier lugar sin importar quienes las escuchen y como.
Verdades que suenan locas porque están fuera de contexto, de tiempo de espacio, de lugar y por eso suenan así. Aunque contextualizadas sonarían peor. Verdades que lo son a ultranza y que lo serán caiga quien caiga, y le cueste a quien le cueste. Verdades de cumplimiento inminente y perentorio que jamás se producen.
Verdades que son verdades por el simple hecho de ser ciertas, reales. Sabidas únicamente por esa elite secreta, seleccionada cuidadosamente para no crear pánico, ni caos, ni descontrol. Esa minoría selecta compuesta por aquellos que son parte de la cosa, personas encumbradas muy bien conectadas, y también por cualquier transeúnte, pasajero. comensal o usuario. Que esté o pase ocasionalmente por allí, en ese preciso y justo momento en el que el secreto que se devela a grito pelado, ve la luz que lo alumbra y lo vela despiadadamente.
Y uno ahí, sólo escuchando, como un mosquito/mosca. Sin poder hacer nada más que escuchar ese disparate aberrante sin pies ni cabeza, sin poder articular palabra, sin poder salir de su asombro, estupor, por escuchar lo que ha escuchado.
La pregunta es ¿Cómo se les ocurren esas cosas? ¿Cómo lo hacen? Es en esos momentos en los que miro muy fijo a los ojos a mi imaginación y la increpo, le recrimino a la vez que le pregunto: “¿Por qué no se te ocurren cosas así? ¡Podríamos escribir un Best Seller!”
Besooo.

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