lunes, 16 de enero de 2012

Consigo sismo

A veces suele pasar, otras no. Últimamente está pasando, lo que no alcanzo a comprender es su aleatoriedad e independencia. El porque en estos calurosos y soleados días de verano, en lugar de tomarse vacaciones, mi atención permanece atenta, conectada. Eso hace que se enfoque, oriente. De esa manera ella se expresa y me apresa.
Su siguiente paso es mirar, seleccionar, y evaluar cuidadosamente su objetivo. Una vez que ha seleccionado cuidadosamente el objeto de su interés, a veces a base de sutilezas, otras utilizando métodos y sistemas menos ortodoxos, se esfuerza y me fuerza a convertirlo en objeto de mi interés.
Sin ir más lejos el otro día me tendió una trampa, y yo inocentemente caí en ella y quedé atrapada. Mi atención primero hizo que notara a una chica que pasó caminando a mi lado. Luego a un señor que iba en el colectivo, después una señora que estaba caminando en el parque Rivadavia. Finalmente un chico que iba caminando delante de mí.
¿Qué tenían todos estos seres en común que atrajeron mi atención? Iban hablando solos por la calle, sin auriculares, sin telefono, sin manos libres, sin pila, sin cable y sin piedra. Hablaban consigo sismos.
Y no se trataba de una corta reflexión como por ejemplo:”Me olvidé las llaves”, “Me estoy quedando sin batería”, “¿Para donde tenía que ir?” ,“Tenia que tomar el colectivo para el otro lado” o “¡Que tonta, me bajé mal!”.
No, no y no, nada de eso. Ellos mantenían largos y entretenidos soliloquios a viva voz y frente a quien o quienes quisieran escucharlos. Conversaciones que incluían además reflexiones, preguntas, respuestas, relatos vehementes, ademanes, gestos, gestitos y hasta contaba con interrupciones.
Y no estamos hablando de gente con cierta patología psiquiátrica, no. Estoy hablando de gente mentalmente sana, como ustedes o como yo, bueno, yo tal vez no sea el mejor ejemplo. Me refiero a que esta gente no buscaba un interlocutor entre los transeúntes. Tampoco hablaban con un ser imaginario que iba a su lado. No, para nada, lejos de ellos.
Estas personas hablaban, se contestaban y discutían con ellos mismos, con su propia persona. No fueron las únicas que ví. A partir de ese momento mi atención y yo comenzamos a notar que esto está bastante generalizado.
No digo que sea una especie de síndrome, pandemia y mucho menos epidemia. Yo lo estuve pensando, lo discutí bastante conmigo misma, claro, siempre dentro de mi ámbito marular. Y se me ocurrió una “posible explicación”. Enfatizo “posible”, tampoco soy adivina.
Tal vez esta gente iba tan ensimismada en sus pensamientos, tan compenetrados, que estos los trascendían y los superaban. Y como estar dentro de ellos para sus pensamientos no es suficiente salen a través de sus bocas, captando las atenciones ajenas e intentan meterse en nosotros a través de nuestros oídos.
Sí lo sé, mi teoría es sumamente loca y disparatada. No van a negarme que es mucho más amable y pintoresco pensar eso. Que pensar que a esta gente le saltó la térmica y por más que baje la llave seguirá saltando porque están en corto. O dicho en buen castizo: esta gente perdió la razón y no la encuentra por más que la busque.
Besooo.

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