miércoles, 18 de enero de 2012

Reclamos Paternos

El sábado por la noche recibí una suerte de “pedido de post”. Y, como nobleza obliga, aquí estoy cumpliendo lo que prometí. Resulta que nuestros amigos, Sonia y Horacio, festejaron su aniversario de casados.
Estábamos disfrutando de la reunión y departiendo muy animadamente. Como siempre una cosa trajo la otra y no sé como este blog se convirtió en tema. El papá de Sonia, que se llama Julián padre, me dijo: “Vos siempre hablas de lo que te molesta. Ahora te voy a decir lo que me molesta a mí.”
A mi atención el tema le pareció de lo más interesante, así que, ladeó su cabecita y paró sus orejitas, para escucharlo mejor. Después de escuchar lo que escuchó, me miró y me dijo: podemos hacer un post sobre los reclamos paternos. Juntamos los que tiene Julián padre y los que tiene tu papá Antonio. Que si bien es padre, no es Antonio padre. En fin.
Comencemos por el principio, lo que a Julián padre le molesta, puntualmente, es: “Cuando estás esperando en un banco, repartición publica, atención al cliente de alguna cosa, si la persona con el número precedente se va porque se equivocó de número, o porque solucionó su problema, o porque se acordó que dejó la canilla abierta o lo que fuera, le da su número al primero que aparece y no al que tenía atrás”.
Yo me puse a pensar sobre el particular, y la verdad es que tiene razón y mucha. Además de ser de lo más injusto que nuestro predecesor entregue su número así livianamente al primero que aparece sin que nada importe, también constituye casi una deslealtad, una cuasi traición, un desprecio, un desplante, la confirmación indubitable de que nada le importamos.
Entonces comenzás a preguntarte “¿Cómo puede favorecer así livianamente a un recién llegado? ¿Cómo puede ignorarme a mi, la persona que entró pisándole sus talones, la persona que estuvo detrás de él, la que conoce su nuca y su espalda palmo a palmo, como nadie la ha conocido? ¿La persona que lo estuvo viendo bufar durante media hora porque había sólo un empleado atendiendo, y más lento que una tortuga? ¿La persona que cuando él dijo “¡Qué calor!” fué la única que asintió?”
¿Donde están los sentimientos de nuestro accidental predecesor? ¿Cómo se puede desfavorecer así a un compañero de espera, ya casi amigo, un hermano de espera que nos ayuda a sobrellevar esa amansadora. No se puede ser tan insensible, no se puede actuar así sin que nada importe,
Coincido con Julián padre. Tiene razón en hacerse y hacernos este planteo. Hay que actuar dentro de ciertos parámetros, respetar ciertas normas que si bien no están escritas, surgen del sentido común y el buen gusto.
Recordémoslo, el número anterior y el posterior son solo una coyuntura accidental. La situación no es eterna, puede cambiar y darse vuelta en cualquier momento. Teniendo esto en cuenta, pongámonos en el lugar del otro , que nos pasaría a nosotros si la persona que nos precede blandiendo su numero menor en nuestra cara, se lo diera al primero que aparece. ¿Nos gustaría?
Ahora pasemos a mi papá, a él lo molestan varias cosas, después de todo es mi progenitor, soy sangre de su sangre… Pero puntualmente le molestan dos cosas. Primero: que le dejen botellas, botellitas, latas en el porta residuos. Eso lo enfurece, pero tiene un motivo.
En provincia no se encuentra un cesto ni de casualidad, y lo que no está dentro de una bolsa, el basurero que no tiene muchas ganas de trabajar no se las lleva. Así que tiene que tomarse el trabajo de abrir la bolsa para tirar el contenedor bebedístico que le hayan tirado.
Otra de las cosas que le molestan es que su vecino de enfrente tira a su vereda todos los soruyos que encuentra en la de él. El modus operandi de Constante, su cochino vecino, es el siguiente. Este señor no soporta que los perritos le fertilicen la vereda, entonces en lugar de levantar el fertilizante en cuestión con una palita y tirarlo a una bolsa, este señor toma su puntada escoba que utiliza a modo de palo de golf. Practica un deporte del que es el único federado aunque tal vez algún día quiera hacerlo olímpico. Y hace tiro al soruyo tirando todos las popiadas que encuentra en su vereda a la de enfrente, impactándolos y haciendo blanco con ellos en la vereda de mis padres.
En este ultimo caso, coincido y me solidarizo completamente con mi padre. Él no tiene la culpa de que los peritos del barrio, quien sabe por que asociación, hagan número dos en la vereda de Constante. En todo caso que ponga un cartel o le diga a los dueños de los perros que levanten su producto.
Que haga lo que quiera con el producto, que lo tire, que lo venda por Internet, que lo regale. Menos tirarlo a la vereda del vecino. A menos que quiera hacer publico y expresar al mundo que es un verdadero desconsiderado y por demás asqueroso.
Besooo.

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