lunes, 30 de enero de 2012

SUBE, la gran quimera...

Estos días estuve mirando con terror, horror y espanto las multitudinarias colas que hacían los sufridos usuarios para conseguir su tarjeta SUBE. Los miraba con empatía, solidaridad, ternura y un poco de alivio.
Ellos estaban allí, debajo del sol, haciendo colas interminables, nutridas, en las que permanecían horas y horas. Sin que ninguno de los responsables de que ellos estuvieran allí les alcanzara ni un mÍsero baso de agua. Por suerte, gracias al cielo y a mi consorte que me la regaló, yo tenía hacía dos años mi Tarjeta Monedero.
Una vez el destino me había protegido bajo su ala. Esta vez no me había señalado. Esta vez, extrañamente, los señalados eran ellos. Pero hubo algo que nubló mi inmaculado cielo cerúleo, algo que lo pobló de negros nubarrones que se ciernen amenazantes sobre mi cabeza sin la mínima intención de desaparecer.
Todo comenzó cuando escuché a mi consorte verter duros epítetos, “¿Qué pasó?”, le dije. “La Monedero no corre más”, me dijo. “Y lo peor es yo acabo de cargarlas”. No voy a transcribir, pero imaginen haber leído al menos una página y media de epítetos. Esta vez, proferidos por mi, muchos piiiipiiii, piiiiipiiiiii, y unos cuantos:”@#¿?*¡!#”.
En ese terrible momento, sólo venían a mi cabeza preguntas retóricas, frases sin sentido, reproches inútiles, compulsas, reclamos al cielo, a la vida, al mundo, al universo, y sobre todo a mi destino. Mi destino que no para de reírse a carcajadas en mi propio rostro, mi destino que siempre me señala para ser su objetivo, su blanco móvil. “¿Por qué sos tan cruel?”, le dije. Pero él nada me contestó.
Debíamos conseguir la tarjeta SUBE, era perentorio. El viernes mi consorte intentó en Once, pero no habia más formularios. Esa noche, estaba haciendo zapping, y por esas cosas del destino ví el desinformativo de la Televisión Pública, 6,7,8,. Pasaban un informe concienzudo, sobre expresiones vertidas por Susana Andrada, de Defensa al Consumidor, en relación a la tarjeta SUBE y su distribución.
Ella sostenía que no era fácil conseguir la tarjeta porque no se había informado debidamente sobre cuales eran las bocas de expendio. Y que por eso todos se concentraban en las más conocidas. Andrada, también planteaba que sólo se habían dado dos millones de tarjetas y que a este paso no se iban a poder entregar a tiempo los cinco millones restantes.
En el informe, una voz en off, defenestraba a Susana Andrada con un serio, sólido y demoledor argumento. Sostenía que la única vez que ella se había subido a un micro fue en su viaje de egresada. Y que ella creía que la gente viajaba en palo. Un chascarrillo de lo más desopilante, obviamente, solo para personas de altísimo CI.
Pero los 6,7,8, demostraron que la realidad distaba mucho de lo expresado por Andrada. Probaron de manera palmaria e indubitable, que todos mienten, menos ellos, naturalmente. Para ello emitieron una nota en la que mostraban a dos personas, dos, un hombre y una mujer. Ambos daban testimonio de lo fácil, rápido y sencillo que era conseguir la tarjeta pasajística en cuestión
En el referido informe, se veía de fondo una muchedumbre haciendo una cola interminable. Una imagen un tanto contradictoria, si se me permite la expresión. ¿Cómo habiendo tanta gente hicieron tan rápido? Eso no lo explicaron en 6,7,8,. Pero si algo me enseño la Reverenda Madre Victoria, es que los milagros existen, y si no los entiendo, no importa, es “Misterio de Fe”. Por lo tanto tampoco se discuten y mucho menos se cuestionan.
Tomando en cuenta esta premisa, el sábado por la mañana buscamos en Internet, los lugares de expendio de la SUBE, próximos a nuestro domicilio. Y allí nos dirigimos con el DNI en mano y nuestra fe como aliada, en busca de nuestra bien amada SUBE.
El primer lugar era una librería que nos quedaba a una cuadra de casa, llegamos allí y está cerrada por vacaciones hasta el 6 de febrero. Bueno, un tropezón no es caída, así que sin siquiera lamentarlo nos dirigimos al segundo punto de nuestro itinerario.
En el Correo Argentino, al llegar vimos en la puerta un monono cartelito impreso que rezaba: “Tarjeta SUBE sin sistema”. Como iba con mi fe pensé: “Quizás ese cartelito es viejo”. Así que abrí la puerta y escuché como una dulce empleada le rugía a una pobre señora por esa especie de micrófono: “¿No vio el cartel de la puerta? Si ve que no hay sistema para la SUBE ¿Para que entra?”.
“Ah bueno”, pensé, “no hay sistema, ni tarjeta, ni educación y mucho menos buen trato. Menú completito como siempre”. Como soy muy afecta a los dichos y refranes me dije: “no hay dos sin tres”, “la tercera es la vencida”. Y allí nos fuimos los cuatro mi consorte, nuestras fes y yo con los dedos cruzados y un Pilato en el pañuelo. Por las dudas, en estos casos lo que abunda no daña.
Pero al llegar al tercer lugar había un cartelito no tan monono escrito con birome azul, verde y un poco de bronca, que decía: “No damos SUBE”, corto, conciso, tajante, demoledor. A decir verdad, tanto a Dany como a mi, a esta altura ya la fe nos había abandonado. Creo que se quedaron mirando vidrieras en el Shopping Caballito.
Así que decidimos seguir solos al cuarto punto. Mientras íbamos caminando sentencié: “Si los llego a encontrar a Tomada o a Schiavi, en la cola para sacar la SUBE les voy a decir sus verdades”. “No” me dijo Dany, “no los vas a encontrar por que ellos “renunciaron al subsidio””. Ufa, el único incentivo que tenía y este hombre me viene a arrebatar la ilusión de esta manera. No hay derecho
Cuando llegamos al cuarto punto de entrega estaba pegado en la puerta de ingreso al local este cartelito
Tarjetas SUBE Agotadas
En vista del fracaso obtenido, llamamos al teléfono 0800-777-7823, donde una hermosa voz grabada me dijo que el horario de atención era de Lunes a Viernes de 9 a 20… Al igual que Dios, los de la SUBE atienden sólo en Buenos Aires, de Lunes a Viernes, en horario de oficina.
¿Continuará?
Besooo.

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