miércoles, 29 de febrero de 2012

La indiferencia, hace la diferencia.

A veces el no hacer y, sobre todo, el no decir, no significa nada. Lo que hay que dejar claro es precisamente eso, que no significa nada. A veces es mejor aclarar, porque el no aclarar oscurece. Otras veces hay que expresarse de manera indubitable, justamente para eliminar o aclarar las dudas, para que no se generen suspicacias. O directamente para cortar de raíz todas las especulaciones que el hecho genere.

En los últimos días se han producido en nuestro país varios hechos. Algunos graves, otros gravísimos y por demás dolorosos. Estos hechos nos desestabilizan y calan profundo, son cuestiones de fondo que nos ponen a reflexionar, a pensar profundamente. En consecuencia, a preguntarnos: ¿donde nos sitúa la clase política a los ciudadanos? ¿Por qué nadie nos dice nada?.

Siempre he sido muy suspicaz, perspicaz y sobre todo desconfiada. Si algo no se me dice lisa y llanamente, mi imaginación llena los espacios vacíos y los puntos suspensivos. Y les puedo asegurar que genera algo mucho peor que la verdad misma, por más cruda que sea. Como yo, supongo que habrá mucha gente. Para que eso no pase, necesitamos explicaciones claras, concisas.

No nos basta que el vicepresidente salga a tocar con la Mancha de Rolando con una remera que dice: “Clarin miente”. Necesitamos que nos diga porque miente, en que miente, para que miente Clarín y los demás testigos que lo señalan como haciendo “negocios” a través de testaferros. Pero no, él no lo dice. Se lo guarda para sí, y sólo para sí. Porque todavía el juez no lo llamó a declarar. Es en esos momentos cuando surge mi voz interior que nunca se calla, y me pregunta: ¿Por qué el juez no lo llamó?

No sé porque no lo llamó a declarar cuando todas las pruebas lo señalan directamente, no me lo explico. Aunque lo sospecho secretamente sin querérmelo contestar, o querérselo contestar a mi voz interior. Esas y muchas otras cosas son las que no me explico, o que tal vez no quiero explicarme.

Tampoco entiendo porque el secretario de transporte dijo lo que dijo y esta todavía en su puesto. Ni por que la Ministra del Interior mintió como mintió en su comunicado. Contando una historia que pertenecía a una realidad paralela. Una historia que nadie creyó sobre como y porque se lo había encontrado a Lucas, y allí sigue ella en su puesto, cumpliendo esa función como la cumple.

No entiendo, tampoco, porque el estado es querellante en una causa en la que debería ser querellado, por haber incumplido su deber de controlar a la empresa privatizada. Ni porque se tardó tanto tiempo en intervenir TBA. Ni por que faltan 20 minutos en la grabación de la conversación que sostiene el maquinista del tren siniestrado con el control. Tampoco entiendo porque no se le saca de una vez y para siempre la concesión a TBA. Ni porque habiendo pasado una semana la gente sigue viajando en pésimas condiciones como siempre, y en las mismas unidades.

¿Qué pensarán ellos de nosotros? Cuando no nos dicen lo que deberían decirnos, o cuando no nos dicen lo que deberían decirnos. Como siempre tengo más interrogantes que respuestas. Pero lo único cierto, es que yo si sé lo que pienso de ellos, esas tres palabras que me taladran las sienes.

Esas tres palabras que no son publicables, pero que definen a todos y cada uno de ellos de maravilla. Esas tres palabras que debería escribir pero que no escribo por respeto, y porque me lo impide la educación que traigo desde la cuna. Eso es lo que marca la diferencia. En fin, como decía mi abuela Máxima: “Lo cortés no quita lo valiente”.

ferro

Besooo.

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