lunes, 13 de febrero de 2012

¿Qué va a pasar?

Un día estábamos en clase de Geografía. El tema era los ríos y sus cuencas. Como siempre, una cosa trajo a la otra. Y la otra trajo el planteo que nos hizo la profesora: “El agua dulce se está agotando, los mares avanzarán sobre el continente. Piensen”, nos dijo, “que pasaría si el mundo se quedara sin agua.”

Acto seguido, se produjo un silencio sepulcral, nadie podía imaginar un mundo sin agua potable. Nuestro país estaba colmado de ríos, era algo inimaginable. Entonces, alguien pronunció la respuesta preclara, que la humanidad estaba esperando desde hacía centurias.

Algún iluminado dijo: “Cuando no haya agua… ¡tomaremos soda!”. En ese momento, nos pareció de lo más ingenioso y sobre todo gracioso. Claro, eso generalmente sucede cuando uno es chico, inconsciente y está en la edad del pavo.

En algunos países y continentes el agua es un bien preciado porque es escaso, muy escaso. Los desiertos avanzan a pasos agigantados sobre regiones que antes eran fértiles. Por aquellos lares, no utilizan el agua como lo hacemos nosotros. Para nada.

La misma cantidad de agua que nosotros utilizamos en un día es, quizás el consumo que ellos tienen para una o varias semanas. No debe ser fácil vivir con el agua racionada, cuidándola como si fuera oro.

¿Qué pensaría esa gente si supieran que a los gobernantes de nuestro país le importa más el oro que envenenar el agua?. ¿O que les importa más que pasen los camiones con explosivos que la seguridad de la gente que los puso en su puesto?

El viernes estaba mirando lo que pasaba en Tinogasta. Sentí tantas cosas. Sentí impotencia, dolor, y sobre todo vergüenza propia y ajena. Se me hizo un nudo en la garganta y en el corazón al ver a la policía reprimir a los manifestantes con balas de goma, gases, golpes y perros.

Todo valía, nada era mucho para reprimir a los manifestantes como si fueran delincuentes. Parece que todo es poco para defender los intereses de las mineras, sólo es su voz la que vale, y la que cuenta.

Entre los manifestantes había una chica con su hijito de la mano y otro bebé en su panza. La habían golpeado y mucho. Ella estaba llorando y su hijito la consolaba. Lo curioso es que a pesar de que estaba muy golpeada, no lloraba por sus golpes, tal como dijo ella: lloraba por impotencia. Por que nadie los escucha, porque están solos.

Me impactó la mirada del nene hacia la policía, que le había pegado a su mamá y a sus vecinos. El los miraba en silencio, con sorpresa, y estupor. No entendía muy bien que era lo que estaba pasando.

Yo me pregunto, ¿cómo explicarle a ese chiquito que la policía que debería proteger a los ciudadanos, es la que los está reprimiendo sólo por defender pacíficamente sus derechos y los de todos nosotros?

Les soy sincera, yo no podría hacerlo, se me caería la cara en mil pedazos. Tal vez alguna autoridad podría hacerlo… ¿No?

Mi solidaridad infinita con la gente del Famatina. Se puede vivir sin oro pero NO SIN AGUA.

Besooo.

PD: Después que se fuera la policía, los manifestantes volvieron a cortar la ruta en Tinogasta.

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