martes, 1 de noviembre de 2011

Comunicadores Compulsivos

Ellos caminan entre nosotros por la vida. Nos acompañan por esos caminos intrincados y también por los sencillos. Son como son, se imponen y se exponen, así como así. Sin inhibiciones, al natural, siendo ellos, sin filtro, sin tapujos.

Le cuentan al mundo lo que el mundo no les preguntó. Lo que el mundo prefiere seguir ignorando. Aquello de lo que el mundo no quiere ni enterarse. A ellos eso no les interesa, son los mensajeros de este nuevo milenio. Su cometido es regalar y alagar los oídos de sus congéneres con su maravillosa e inigualable verba.

Van pregonando por esas calles lo que sus mentes les envían para que su boca lo distribuya por este silente planeta. Su verborragia estentórea todo difunde, ellos no guardan ni atesoran nada para sí. Es así como nos hacen partícipes de sus amores, odios, pasiones, y de los amores, odios y pasiones de otros que llegan a sus oídos.

Manejan y derraman todo tipo de información. No importa que sea cierta, presunta, irreal o inventada. Ellos son sus receptores, su canal aliviador, sus distribuidores con licencia. Lo suyo es un apostolado y lo respetan cueste lo que cueste, a rajatabla y sin apartarse un ápice del camino que les fuera fijado.

Será que ahora que tengo gas mi atención esta más enfocada en este mundo. Y por eso noto comportamientos que antes no notaba o a los que no les prestaba atención. O será que, últimamente, está proliferando una nueva generación de gente que habla literalmente a los gritos. No lo sé, aunque me gustaría saberlo.

No soy una persona que se asombre fácilmente del volumen vocístico de la gente. Yo no hablo precisamente en susurros, muy por el contrario. Pero esta gente utiliza unos tonos asombrosos. Por más que los quieras ignorar, enfocarte en algo, y no escucharlos, es imposible. Su tono trasciende cualquier pensamiento, auricular de mp3, escape de colectivos, bocinas, niños riéndose, sonido ambiente, ruido de tránsito en general.

A veces van durante cuadras, y cuadras detrás de vos, siguiéndote, persiguiéndote sin perderte pisada. Taladrándote los tímpanos con su perorata vacía, vana, poco interesante. Cuando estás al borde de perder tu sanidad mental, de colapsar, hacés lo imposible por apurarte, por perderlos de tu órbita auditiva, por ganarles.

Pero todo es inútil. Parecen el robot de Exterminador, se arman, se recomponen, retoman nuevos bríos, y siguen siguiéndote. Pareciera que intentantan exterminarte con su soporífera blableta.

Besooo.

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