viernes, 14 de octubre de 2011

El efecto dominó

Las utilizan de manera histérica, frenética, con saña y brutalidad. Solo hieren, confunden, aturden, son de dudosa utilidad. Aun así se hace uso y abuso de ellas. Eso los potencia, los hace caer en una burda y forzada imitación de unos a otros, que los simbiótiza mimetizándolos. Y los hace entrar en un círculo vicioso que suma adeptos, adoradores y devotos indiscriminadamente.

La ansiedad y la impaciencia los carcome, y ellos se dejan carcomer. Nada hacen por apartarlas, en lo absoluto. Solo las llaman, las alimentan, las miman, y con ello suman otras ansiedades e impaciencias que estaban controladas y dormidas.

No toleran nada que no se adecue a sus parámetros, los ofende. Todo debe ser rápido, vertiginoso. No hay lugar para las esperas, las dilaciones, los titubeos. Eso es intolerado, castigado, reprobado. De manera estentórea, a voz en cuello, con gritos que estallan en la garganta y se integran con los ruidos urbanos. Pasando a ser un todo, perdiendo identidad, y deviniendo en nada.

Aunque, pensándolo bien, tal vez sean inocentes y puros de corazón. O sólo sean bien intencionados y crean en la magia. O conserven intacto el niño interior. Y quizás sea él quien les da esa ridícula idea de aporrear, tocar frenéticamente, quedarse con la mano pegada a la bocina. No entiendo cual es el objetivo, porque, que yo sepa hasta ahora nadie logró desintegrar al auto de adelante a bocinazos limpios. A lo mejor algún día… pero por ahora, no. Esto ya lo he dicho en otro post, pero, como decía la Rossi, es bueno fijar conceptos.

Ayer se produjo un hecho abrumador. Es común que se produzca, pero logró ofuscarme. No sé si fue porque me sacó de mi realidad, en la que estaba profundamente sumida, o porque me distrajo de seguir sintiendo el perfume de la primavera.

Resulta que iba caminando tranquilamente, sintiendo el olor a primavera de la nochecita. De repente, hace su entrada altisonante, el coro independiente de bocinotas, que me arranco de mi placentera actividad y me trajo cuelmente a la realidad. Está bien, lo reconozco, se había armado una galleta importante, como diría mi papá. El subte estaba doblando para entrar al garaje y ocupaba sino toda, casi toda la calle. A eso se sumaban los colectivos, curiosamente por esa calle pasan 4 líneas.

Y/o la casualidad desventurada en conjunción con el gran sentido del humor e ironía del destino, hizo que se dieran sita allí, en medio del matete vial musicalizado con bocinas, un representante de cada una de ellas. Así que había cuatro colectivos, más el subte, más autos por doquier. Además de gente, mucha gente, queriendo cruzar. Eso sí, sin bocina, pero con voz y opinión propia, dándosela a todo el que quisiera oírla y al que no también. Total, ya que estaban.

Los automovilistas se crispan un poco cuando ven tanto bollo, y pierden la paciencia. Pero recupérenla, piensen, rescaten su eje. También podrían probar con escribir 100 veces, o las que necesiten mientras esperan, esto siguiendo la línea de fijar conceptos: “la bocina no es un rayo láser desintegrador, sino un contamínante auditivo”. Y no hagan trampa, las comillas no valen…

Besooo.

Buen fin de semana, y FELIZ DIA A TODAS LAS MAMIS, y en especial a Elba mi mamá. Besooooooooo

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