miércoles, 29 de junio de 2011

Fertilización compulsiva

Hoy venía caminando alegremente, disfrutando del sol que me reparaba un poco de la ola polar y noté su presencia. Seguramente me topo con ellos a diario, pero hoy mi atención los notó, tal vez por su inminencia, o su magnitud, así que apretó el botón rojo e hizo sonar mí  alarma.
Ellos están por doquier, podría encuadrarlos en la categoría del no deseable mobiliario urbano. Podemos encontrarlos sobre nuestras castigadas y derruidas veredas, o insertos en ellas. Están también en las calles, y a veces hasta los llevamos a casa, de paseo, a la oficina o al primer lugar donde entremos, sin querer claro está. Imposible hacerlo de otra manera.
En general provocan muchas cosas y muy disímiles, en particular agreden, maltratan, ofenden y a veces inhiben a dos de nuestros sentidos, tal vez los más importantes o útiles en este tipo de coyuntura. Estos son vista y olfato que se unen para luchar contra este flagelo, para neutralizarlo, y para alertarnos de su desagradable y desubicada presencia.
Me estoy refiriendo damas y caballeros a las heces y/o desechos caninos. Elementos abonados a nuestras aceras, que proporcionan  abono sin razón alguna, dado que estas no necesitan ser fertilizadas. Los hay de todo tipo, coloración, porte y estructura.
Algunos por su magnitud constituyen verdaderos monumentos que se erigen hacia el cielo, invitando a quien los ve y los esquiva a ponerle una placa conmemorativa con el nombre de algún político o ser al que detestemos profundamente.
Son engañosos, peligrosos y hasta traicioneros. Pueden hacer que te patines o resbales terminando vos al igual que ellos, desparramado en la vereda y con un yeso hasta el hombro como le pasó a Antonio, mi papá. Y lo peor es que ese yeso insoportable termina contagiándote y hasta volviéndote igual que él. Insoportable, y sino pregúntenle a mi pobre madre.
Yo me pregunto y les pregunto, en que quedó esa concienzuda y craneada campaña “educativa” "Tu perro, tu caca". Por que hay gente que se empeña en compartir con el mundo algo que le pertenece, algo que es suyo, propio, inherente.
Han ganado la propiedad de los desechos de sus mascotas desde el momento en ese maravilloso ser llegó a su vida. Es un derecho inalienable que nadie les podrá quitar, ni arrebatar, ni ignorar, es suyo, propio, de nadie más.
En el mercado hay una gran cantidad de ofertas de elementos para estos menesteres. Especialmente pensados para la gente muy delicada y considerada con ellos mismos, que le importa un verdadero tema de lo que estoy tratando, de los demás.
Acordate, la próxima vez que saques al Boby, además de llevar la correa y por supuesto al perrito, no te olvides de llevar una bolsita. Millones de veredas destruídas y humanos afectados te lo vamos a agradecer.
Besooo.

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