jueves, 30 de junio de 2011

Con los días contados

No se piensa en el final cuando se esta en pleno apogeo, en el pínaculo, en la cima. Y allí es donde vos te encontrás ahora. Desatás todo tu poder contra nosotros. Medís fuerzas y te das cuenta que salís victorioso, pero eso no te basta. Para vos eso no es suficiente, entonces vas por más.

Nos tratás como no nos merecemos, nos hostigás. Eso te retroalimenta, te da más fuerza. Fuerza que, como en un círculo vicioso, volvés a descargar contra nosotros, impiadosamente, una y otra vez, hasta tal vez sentirte algo satisfecho o muy poderoso.

Pero todo tiene un límite, una caducidad, su fecha de vencimiento. Tu tiempo agoniza. Tus días cortos y sombríos pronto se tornarán largos, al igual que los de un anciano ocioso. Tu reinado finaliza, vas a ser un emigrado buscando otros horizontes. Otros serán los que soporten tus rigores y tus distratos.

Los humanos medimos el tiempo de manera diferente, para cada uno la mensura es relativa. La alegría, la esperanza, la ansiedad, y la desazón son alguna de las variantes de la medida.

Lo que para unos es mucho para otros es poco. La objetividad en estos casos no cuenta. La medida es subjetividad en el más puro sentido, proveniente de quien efectúe la medición.

Mi subjetividad me susurra optimista que tu tiempo con nosotros es poco, que tus días están contados. Ella presagia tu pronta ausencia. Entonces la felicidad me embarga y comienzo a celebrar tu ausencia.

Soy un ave de primavera, si pudiera viajaría en su búsqueda de hemisferio en hemisferio. Adoro sus colores, sus aromas, su luz, todo lo que ella nos ofrece tanto o más que odio tus colores monocromáticos, opacos y sin vida, tus aromas inexistentes, tus días lóbregos y tu tiempo inclemente.

Faltan 83 días para que comience la primavera. Cifra que nos da fuerza, o por lo menos a mí, para soportar el día de hoy, que tal vez sea el día más frío en lo que va del año, y quizá nieve.

Pero que no decaiga, por que todavía falta el mes de julio que es el mes más frío del año. Bien lo dice el dicho popular que siempre cita mi madre: “julio los prepara y agosto se los lleva”.

Pero alegría, alegría porque después de agosto llega septiembre. Y si hay algo de lo que podemos estar seguros, que no cambia, es el orden de los meses del año. Se suceden en orden, año tras año,  invariablemente desde el comienzo de los tiempos, desde que los meses fueron concebidos como tales, desde épocas inmemoriales. No van a cambiar justo ahora, ¿no?

Besooo.

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