jueves, 4 de agosto de 2011

Los extremos no son buenos

A veces no entiendo por que, pero me confunde, me desorienta. Mis indicaciones no son precisas, pero tampoco puedo precisar las indicaciones que me son dadas, fallan las coordenadas. La ubicación no viene a mí rápidamente, a veces lo hace después que mi adrenalina baja, respiro, me calmo y pienso.
Claro, no siempre sucede. No siempre se tiene el tiempo para pensar, ese mínimo lapso en el que se produce una inspiración, el mismo que nos ampara para que hagamos un razonamiento. El tener ese resquicio para ver esa señal que necesitamos, ese objeto que nos orienta. A veces se requiere una rápida respuesta o una rápida actuación. Es ahí cuando todo se pone en evidencia, cuando se pone blanco sobre negro, cuando tu secreto queda desnudo ante el mundo, expuesto y sin ninguna defensa.
Es entonces cuando no hay excusas, sino tan sólo dos opciones. Es una o es la otra, no hay lugar para la invención ni para la creatividad. Sólo queda lugar para la certeza, y esa certeza es la que se me escapa, me evade, se me va de las manos como el agua, y lo peor es que lo hace sin dejar pistas. Sólo me abandona a mi suerte y me deja así ante el mundo.
Lo importante es que todos somos seres humanos y por ende seres imperfectos, por lo tanto debemos aceptanos como somos. Con nuestros aciertos, desaciertos, errores, cualidades, defectos. Lo importante es como somos, no es si confundimos la izquierda con la derecha.
Está bien, lo asumo, sí, me confundo la izquierda con la derecha… Les soy absolutamente honesta, a veces se me complica el tema de derecha o izquierda. Tengo muy claro que la derecha es la mano con la que escribo, que es la opuesta a la que se lleva el reloj, pero hace años que no uso reloj. Lo que sí uso es la alianza, lo que me ayuda a darme cuenta y evita que pase papelones. Igualmente, me parece una arbitrariedad dividir al mundo en izquierda y derecha.
Es irritante cuando vas en un auto y decís “Para allá” (y señalás) que el conductor te diga “¿Izquierda o derecha?”. ¿Acaso no ve tu mano y tu señal? ¿Con qué necesidad forzar una situación y poner en evidencia lo que es evidente?
Además la derecha o la izquierda puede cambiar según del lado que se lo mire. Por ejemplo: no es lo mismo la derecha de la pantalla del monitor y/o televisor , que en realidad es mi izquierda, que la izquierda de la pantalla del monitor , que en realidad es mi derecha. Tampoco es lo mismo si señalo la mano de mi gata ,que se llama Serena, y esta frente de mí, en ese caso la mano que est a mi derecha sera su izquierda y la que esta a la izquierda sera la derecha, cosa que cambiará de manera radical si ella estuviera detrás de mi. En ese caso su izquierda y su derecha coincidirían con la mía.
Mi conclusión es que los extremos no son buenos, y están agotados, al igual que los rótulos y las divisiones. Seamos más libres, no nos encasillemos ni encuadremos en una convención que nada nos aporta. Busquemos otros horizontes que no tengan números, ni cuentas, ni derechas, ni izquierdas.
Besooo

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