jueves, 15 de septiembre de 2011

Cuando casi creí que volverías...

Todo transcurre y discurre como en una pesadilla. Te veo, te siento, casi te toco, y cuando estiro mi mano para consumar nuestro contacto desaparecés, te hacés intocable, inalcanzable. Te parás enfrente de mí, me mirás a los ojos, nos contactamos visualmente y cuando creo que vamos a conectarnos girás, me das la espalda y te vas. Sin que nada de mí te conmueva ni te importe.
No entiendo por que accedo a jugar con vos este juego vulgar, perverso, histérico, interminable, peligroso. No comprendo tu empeño en mantener un estado de cosas  que no puede terminar bien, nunca. Tampoco entiendo lo contradictorio de tu conducta, cuando creo que al fin  te voy a recuperar y vas a volver a mi vida, es  cuando más lejos estas de mí.
Tu conducta me aniquila, pero me recompongo. Entonces me dibujo una gran sonrisa e intento no demostrarte mi hastío, mi agotamiento, ni que las fuerzas casi me abandonan. Nadie va a ponerme de rodillas, sigo aquí  en pie de lucha y luchando de pie sólo por tenerte. Contra viento y marea.
Tengo muy claro que él no quiere que vuelvas a mi vida. Su obrar es misterioso, no sé si lo hace en forma consciente o inconsciente. Sus actos son inequívocos, hace todo lo posible para separarnos. Con su accionar entorpece, molesta y obstruye  el curso natural de las cosas, lo que por naturaleza tiene y debe de ser así.
Lo alentador es que todo termina en algún momento, siempre hay un fin y un principio. A veces el fin de una situación tediosa y desgastante se convierte en el brioso y promisorio comienzo  de un nuevo y feliz estado de cosas.  Con variaciones y mutaciones, siempre ha sido así, y esto no va a ser la excepción.
Anoche se cumplió el primer aniversario de tu partida. Aún permanece vívida en mi memoria aquella fatídica noche de invierno en que me dejaste para no volver. Así es, nuestro primer añito sin gas. Les puedo asegurar que fue una experiencia… ¿como decirlo? que no le desearía ni a mi peor enemigo, a mi peor enemigo si lo tuviera, aunque pensándolo bien… Bueno, casi lo tengo.
La no recuperación del gaseoso elemento se debe a un cúmulo de eventos. A una serie de sucesos desafortunados, y sobre todo a Hugo, nuestro futuro ex gasista matriculado, y a la estrella de todo este entuerto: ”su incapacidad e impericia”.
Ayer, no sé si como parte del cronograma  de  festejos del primer aniversario o por casualidad, tuvimos la segunda inspección de MetroGAS (la primera había sido desaprobada). Creímos que esta vez se produciría el milagro, estábamos cerca de él como hacia un año no lo estábamos. Todo se había arreglado, reparado, subsanado,  no había lugar a dudas, solo había certezas, convicción, seguridad. Al fin recuperaríamos el gas perdido.
Pero esta Inspección  volvió a bochar por inconclusa  la obra de Hugo,  a quien esta vez tampoco le dió la cara para estar presente en la referida inspección. Viendo nuestro estado de ánimo casi subsuélico,  el Inspector se conmovió (no sé si decir  hasta las lágrimas, pero casi)  nos miró con ojos tiernos y nos dijo: “¿Por qué mejor no contratan a otro matriculado?”.
En fin, no hay dos sin tres, ni tres sin cuatro. Como en mi caso que dí cuatro veces matemática de segundo año, tres bochazos de la Rossi pesaban sobre mí. Pero eso no me importó, ni me detuvo. Me presenté, resolví los ejercicios retorcidos que me puso, y tuvo que aprobarme. Esta vez no va a ser diferente, vamos a enfrentar los bochazos de MetroGas sea como sea, lo seguiremos intentando, cueste lo que cueste, caiga quien caiga. Aplicando todas las frases comunes que nos sigan dando ánimo para que ese vital elemento vuelva a correr libre por nuestros caños.
Besooo

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