martes, 12 de julio de 2011

¿Puntos de vista?

Hay tantos puntos de vista como seres humanos hay sobre la faz de la tierra. Los individuos tomamos y vemos las cosas de manera diferente, con las características que nos aporta nuestra propia individualidad.

Dos personas pueden narrar un hecho, una situación en forma diametralmente opuesta, de manera coincidente o con ciertos puntos de contacto. Todo depende y depende de varias razones, cuestiones, circunstancias y consideraciones personales.

Todo depende de donde se mira, de cómo se mira, del ángulo de quien lo mira y de la mirada que se tenga en ese momento. El punto de vista puede cambiar, variar mejorar o empeorar. Todo depende, también, del lugar desde donde parte esa mirada o del cristal con que se lo mire.

Las situaciones y demás circunstancias personales son las que nos hacen ver una misma cosa de manera diferente. A veces algo tiene una apariencia pero en realidad no es lo que parece, o, por lo menos, lo que nos pareció en un momento determinado, sino otra cosa totalmente distinta.

Las frases que caen en los lugares comunes lo dicen todo el tiempo: siempre la moneda tiene dos caras, aunque sea falsa. Siempre hay que escuchar las dos campanas. Siempre la historia escrita por los que ganan va a ser distinta a la que escriban los que pierden. Siempre va a haber el que vea un mismo vaso medio lleno o medio vacío.

Nada es lo mismo, nada es igual. A veces son cuestiones opuestas. Todo depende de quien lo mire, del interlocutor y sobre todo de sus circunstancias. De cuan parcial, imparcial, objetivo, subjetivo, pesimista u optimista es quien ve, quien mira o quien cuenta.

Este largo prolegómeno tal vez es para explicarme y explicar las distintas situaciones que se vivieron este fin de semana electoral. Después de sufragar, sólo uno es el que gana, el que ha sido favorecido con la voluntad popular, el que obtuvo más votos. Es sencillo, aquí hay dos miradas, y dos campanas: la del ganador y la del no ganador o perdedor. Es simple, una parte ganó, otra perdió. Eso me queda claro.

Pero, ¿por qué los festejos, por qué dice haber ganado quien en realidad ha perdido? Tal vez estén mirando el vaso medio lleno y aguardando el milagro, que angoste, mágicamente, la brecha del casi 20%.

En ocasiones el limite entre el optimismo el empecinamiento y la ridiculez, se torna tan delgado que es casi imperceptible.

Por más que intento no lo entiendo. Quizás los medios y periodismo oficialista tengan razón. Puede ser que sea esa la razón de mi falta de entendimiento. Ganó quien no debía, quien no era su candidato, porque votamos mal, porque no estamos bien informados, porque somos ignorantes. ¿Sera así?

Si fuera así tendrían un verdadero problema: la falta de información y la ignorancia podría generalizarse, atacarnos, enquistarse y permanecer en nosotros hasta que se elija presidente. Quien lo sabe, tal vez podría ser permanente…

Besooo.

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