miércoles, 15 de diciembre de 2010

A mis pies

 

Sin lugar a dudas y sin temor a equivocarme, mis pies son una de las cosas más feas que tengo.

Los tengo planos como un long play, (aclaración para los mas jóvenes, y para aquellos que quieran hacerse las criaturas: es la versión arcaica del CD)  es por  eso que tengo los dedos separados, muy separados, tal es así que  podría tener sin exagerar 4 dedos más. Y, sí, entre dedo y dedo tengo un espacio en el que me cabría otro dedo.

Debo aclarar que esto es como consecuencia de mi tozudez, mis padres hicieron innumerables intentos por corregir éste y otros defectillos que me aquejan. Pero en este caso no tuvieron éxito, yo terminaba destrozando adrede los carísimos y más que  horrorosos zapatos de IOA o Carlitos, sin importarme las consecuencias.

Todo esto viene a colación porque el otro día estaba hablando con mi amiga Sonia, y salió la cuestión de las ojotas. Ella me decía que me podía dar tema para escribir un libro. Yo le contaba que a raíz de mi amorfidad patística había adoptado las ojotas como una segunda piel.

Fue así como llegamos a esta reflexión: son muy cómodas las ojotas, muy lindas, te pueden quedar muy bien, mal o como en mi caso peor. Pero… Siempre , hay un pero,  y en este caso se convierte casi en clamor y/o ruego: lavaos bien las patas por que en verano se ve y se huele mas,  cortaos las uñas, y encremaos  los talones,  por que aunque uséis ojotas de colores, con taco, de cuero, yute o cristal, disimular algunas cosas, se torna imposible.

Mi lema: es mejor tener la ojota en tierra y no tierra en la ojota.

Besoo.

No son míosTriste

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